Juventud y virtuosismo: Con ustedes, “Curtis on Tour”

Conozcan a los cinco geniales instrumentistas de cuerda que realizaron una aclamada gira por Latinoamérica junto a su maestro Roberto Díaz, presidente del célebre Curtis Institute de Filadelfia. LEER MÁS

JUVENTUD Y VIRTUOSISMO: CON USTEDES, "CURTIS ON TOUR"

por Felipe Elgueta Frontier

17 Enero, 2018

Roberto Díaz es un destacadísimo violista chileno radicado desde hace más de 40 años en EE. UU. Allá preside el célebre Curtis Institute de Filadelfia, donde fundó la iniciativa “Curtis on Tour”, gracias a la cual profesores y alumnos de la institución realizan extensas giras internacionales. Una de ellas culminó el 21 de octubre con un maravilloso concierto en el Teatro Municipal de Chillán. El sexteto formado por el propio Díaz y cinco alumnos había inaugurado la gira con un concierto en Washington DC el 1 de octubre, para en seguida iniciar su periplo por Ciudad de México, Buenos Aires, Montevideo, Santiago, Talca y Chillán.

Encuentro con Latinoamérica

“Desde antes de partir de gira, todos hablaban de las empanadas; que debíamos probarlas en todos los países que visitáramos y ver las diferencias entre ellas. Yo creía que estaban hablando de bananas…”. Durante el viaje, Youngin (cello) pudo resolver su confusión. Le encantaron las empanadas, y Michael (viola) incluso confiesa haber desarrollado “una seria adicción” a ellas. Además de lo culinario, Joshua (cello) dice haber aprendido mucho de Latinoamérica “sencillamente con estar en la calle y absorber los sonidos, olores y vistas”. “Se puede ver la historia de cada país en los ojos de la gente”, agrega Andrea (violín).

Todos estos jóvenes músicos, que en cada uno de los recitales de “Curtis on Tour” demostraron encontrarse en la cúspide de su arte, se refirieron con admiración y humildad a los niños y jóvenes instrumentistas latinoamericanos a quienes ofrecieron “masterclasses” durante estas semanas. Maria (violín) admiró sobre todo su “hambre de conocer” y su alegría cuando lograban comprender y aplicar algo nuevo: “Fue increíblemente gratificante y hermoso ser testigo de ello y aprender de esta experiencia”.

Jóvenes geniales

El Curtis Institute es una escuela de altísimo nivel que ofrece beca completa a todos sus alumnos para que nadie con el talento necesario se quede fuera por razones económicas. Y los postulantes llegan de todo el mundo. Youngin Na, por ejemplo, proviene de Corea. Es la más joven del grupo, con apenas 18 años de edad. Empezó a estudiar cello a los 6, cuando no podía irse a dormir sin antes mirar su DVD del violonchelista norteamericano Yo-Yo Ma tocando Bach.

El mayor del grupo, el estadounidense Michael Casimir (26 años), fue también el más precoz. Tomó el violín a los 2 años y, aunque ahora es violista, también es admirador de Yo-Yo Ma, con quien incluso ha tocado en el multicultural Silk Road Ensemble. Por su parte, el violinista italiano Andrea Obiso (23) tiene como favorito a su colega Nathan Milstein, “por su elegancia y nobleza”. Andrea empezó a estudiar a los 6 años y ahora toca con un violín Guarneri de 1741, una joya prestada por unos mecenas.

El norteamericano Joshua Halpern (24) empezó más tarde en su instrumento, a los 10 años, y actualmente estudia en el Curtis con el primer violonchelista de la Filarmónica de Nueva York. Nacida en Rusia, la violinista Maria Ioudenitch (21) migró siendo muy pequeña a EE. UU. Hija de dos pianistas fenomenales (uno de ellos, ganador del famoso Concurso Van Cliburn), no es de extrañar que empezara a tomar lecciones de violín a los 3 años.

Aprendizaje en familia

El sexteto que forman con el maestro Díaz ha causado honda impresión en las audiencias, pero también es una instancia importante de aprendizaje para estos jóvenes virtuosos. La exigencia de tocar junto al eminente Roberto Díaz y tener que representar de la mejor manera al Curtis Institute no les intimida, porque entre ellos logran crear un ambiente donde fluyen la confianza y la creatividad. El público pudo apreciar cómo intercambiaban sus puestos durante los conciertos (entre violín I y violín II, por ej.): una forma de mostrar el talento de todos por igual y una señal de que este ensamble privilegia la colaboración entre pares por encima de la jerarquía. “Es una gran familia”, dice Andrea, “¿y qué mejor que tocar música de cámara con tus hermanos y hermanas?”.

Maria explica que en cada ensamble “existe un conjunto completamente diferente de personalidades, emociones, ideas y experiencias. Nuestro grupo es muy diverso en todos estos aspectos, lo que convierte cada ensayo y concierto en una nueva experiencia”.

El programa interpretado en los conciertos de la gira incluía uno de los sextetos de cuerdas de Brahms y un arreglo para sexteto de la Sinfonía Concertante para violín, viola y orquesta de Mozart. Mucho menos conocida era la reciente “Arcana” (2008) del compositor estadounidense Kevin Puts. Tocar esta obra requiere que uno de los violonchelos asuma un rol solista, el cual fue confiado a Joshua. Para él, “ha sido una experiencia inmensamente gratificante. Creo que es una pieza musical increíblemente atrayente y exitosa, y me ha impresionado cuán positiva ha sido la reacción mayoritaria del público”.

Hablando sin palabras

Los conciertos del ensamble han dejado huellas profundas, tanto en las audiencias latinoamericanas como en los jóvenes virtuosos del Curtis. Según relata Joshua, “hemos tenido experiencias fenomenales tocando para grandes audiencias, como en la Sala Nezahualcóyotl de Ciudad de México, y hemos tenido experiencias igualmente memorables tocando para 30 niños escolares uruguayos”.

Estos jóvenes del Curtis, nacidos en 4 países diferentes, son una muestra de cómo la música conecta a las personas, independientemente de las diferencias culturales. Este misterioso poder se ilustra en una situación inesperada ocurrida en la pequeña sala Zavala Muniz de Montevideo. Joshua dice que “en cuanto empezó el concierto, ‘algo’ pasó en esa sala”. El público estaba sentado tan cerca de los músicos, que estos pudieron sentir su atención y energía, como si se comunicaran directamente con él a través de la música. Cada gran obra musical es, en el fondo, una historia narrada sin necesidad de palabras y, tal como dijo la joven Youngin como resumen de esta gira, “me encantó poder sentir que las audiencias estaban escuchando atentamente nuestras historias”.

“El concierto en el Teatro de Carabineros de Santiago empezó con una orquesta de pequeños estudiantes. Después del concierto, los pequeños de la orquesta se acercaron a nuestro sexteto para pedir que autografiáramos sus programas, y uno de ellos me pidió que escribiera mi nombre en su manito, que era tan pequeña que apenas se podía escribir algo en ella. Fue la experiencia más adorable de mi vida”. (Youngin, cello, 18 años)

“Hubo un concierto una noche en Santiago, antes del cual me sentía terriblemente indiferente y llena de energía negativa. Como dice mi profesora Pamela Frank, fue un día tipo ‘Síndrome de la Nube Negra’. Sin embargo, había que tocar igual. Ya con la primera nota, mi negatividad empezó a desvanecerse. Sobre el escenario, no hay posibilidad de que te quedes pegada en tus problemas personales. La música te supera. Tiene que hacerlo, para que logre conmover de algún modo al público. Cuando el concierto terminó, yo era una persona nueva. Gracias a la música, gracias a las personas con quienes toqué, gracias al público y al aura del escenario”. (Maria, violín, 21 años)

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